lunes, 16 de julio de 2012

Resumen


Lo bueno se hace esperar. Lo siento por la tardanza de esta entrada, pero hay demasiado que contar. Muchas cosas se quedarán en el tintero, no se puede resumir en tan poco espacio tantas cosas como las que han pasado este año, por lo menos para mí. El año no empezó el 1 de enero, ni siquiera el 1 de septiembre, sino el 12 de agosto. Ese día empezó para mi familia la JMJ con la llegada de dos chicas polacas a mi casa que peregrinaban hacia Madrid. Fueron unos días muy intensos de convivencia y de aprendizaje, hubo momentos muy bonitos, que le pregunten a mi hermana por la canción de “La Barca”. El 16 de agosto comenzó nuestro camino hacia la JMJ. La semana más intensa de mi vida la viví allí, ¡cuánto llore! Los que me conozcan se habrán dado cuenta de que desde la Vigilia en la explanada de Cuatro Vientos, no soy el mismo. Ahora llega otra fecha muy importante, el 1 de septiembre. Llego, con mucha ilusión, (no sabía lo que me esperaba), a la universidad. Voy conociendo a los compañeros, ya amigos que me acompañarían a lo largo y ancho de este maravilloso año. Los primeros 4 meses fueron como vivir en una nube, todo parecía bueno, hasta que la cosa se torció, ahora me doy cuenta en la distancia de que aquello me sirvió para centrarme más en el estudio y saber verdaderamente quienes eran mis amigos y quien mis enemigos. El segundo cuatrimestre fue el del “silencio”, me hacia demasiadas preguntas y todas ellas sin respuesta, pero como se acercaban los exámenes no había tiempo que perder. El 28 de mayo, ya con la “M” que me habían proporcionado las notas, eche la vista atrás un año exacto. Ese mismo día estábamos haciendo la prueba de acceso, al salir dije “no me cogen ni de coña” y mira ahora donde estoy.  Tantos amigos tengo ya allí, en Pamplona que ni ganas de volver a casa tenía, así que me dije ¿Por qué no quedarme aquí un poco más? Y así lo hice. Este mes fue de trabajo en el laboratorio con mis compañeros, bueno mejor dicho amigos, con los que compartimos unos ratos increíbles sobre todo en la segunda semana. No los conocía muy bien pero después supe que cada uno de ellos vale millones. Ahora ya para terminar de rematar el año, voy y me saco el carnet de conducir en el día de mi onomástica, San Enrique Emperador.

Ahora sólo quiero que pase una cosa, que llegue el 1 de septiembre. Otra vez.

Me queda agradecer a todos lo bien que os habéis portado conmigo, a pesar de que, como sabéis no siempre soy todo lo correcto que debiera. Gracias a los que quise y después odie, a las que odie y después quise, a los partiditos de pádel, de fútbol, a las horas de estudio, a los compañeros de colegio mayor, a todos y todas los que me habéis aguantado… todo eso me ha hecho crecer.

¡GRACIAS!

¡Qué ganas!



P.D. ¡Qué ganas!