La sexualidad es un aspecto que forma parte
intrínseca de la estructura del hombre, es algo que adquirimos desde nuestra concepción
en el vientre de nuestra madre. Al unirse los gametos masculinos y femeninos de
nuestros padres, éstos ya llevan una carga genética que nos condicionará para
el resto de nuestra vida, a pesar de que todavía ni hemos nacido. Los genes que
recibimos de nuestros progenitores determinarán nuestro sexo, y todo lo que
ello conlleva: manera de pensar, actuar, percibir la realidad, relacionarnos, etc.;
aunque esto no nos determine. Cada célula de nuestro organismo tiene esta
“marca” genética, de la que aun hoy no nos podemos separar, por esta razón nos
afecta a todo nuestro ser.
Las diferencias entre sexos no se dan sólo a
nivel genético. Por ejemplo, está claro que nuestra fisiología, nuestra
anatomía y sobre todo nuestra psicología son muy distintas. Pongamos algunos
ejemplos de esto. A nivel anatómico la principal diferencia que encontramos son
los órganos sexuales, estos los podríamos definir como caracteres sexuales
primarios, reciben este nombre porque de ellos derivan, ya que la expresión de
sus hormonas marca diferencias entre géneros. Los caracteres sexuales
secundarios, se expresan debido a la segregación de hormonas al corriente
sanguíneo por parte de las glándulas sexuales. Esta expresión también marca
diferencias fisiológicas destacables, como el mayor desarrollo de las mamas y
el período de la menstruación en las mujeres o el crecimiento de la barba en
hombres. A nivel psicológico, las diferencias son palpables a simple vista, la
capacidad de decisión, de liderazgo, los gustos, la manera de percibir la
realidad, las relaciones sociales, etc., son claramente diferenciables entre
hombre y mujer. Se trata de algo presente en toda la naturaleza humana
sin dejar nada por impregnar.
Renegar de
cualquier parte de estas dimensiones es rechazar de manera frontal a nuestro
propio ser, todas ellas forman parte exclusiva de todos y cada uno de nosotros
mismos. El rechazo de ellas puede traer consecuencias muy negativas, pero no
podemos olvidarnos de la singularidad personal de cada uno, no todos los hombres
percibimos la realidad de la misma manera, ni a todas las mujeres le gusta lo
mismo, solo destacar que sí que es cierto que podemos reunir ciertas
características que son comunes a los individuos del mismo sexo.
Nuestros padres no sólo nos dejan su huella
genética y punto. Son los principales responsables de la educación de sus
hijos. Desde el punto de vista de la sexualidad, ellos nos transmiten las
enseñanzas de los roles sexuales de cada género, aprendemos de su ejemplo. En
la actualidad, estos roles están cada vez menos marcados, y se tiende
fácilmente a la no-diferenciación que propugna la ideología de género. Años
atrás los rasgos sexuales estaban mucho mas marcados que hoy en día. Por
ejemplo, en tiempos de nuestros abuelos en un alto porcentaje de los hogares el
marido se encargaría del trabajo y de llevar el dinero a casa, mientras su
mujer se dedicaría a la atención de los hijos y del hogar. Estos rasgos se podría
decir que son tradicionales (naturales pero no exclusivos), desde que el hombre
es hombre, con el inicio del bipedismo y los primeros mensajes comunicativos a
través del lenguaje simbólico, cada género ha desarrollado sus “tareas”.
Una parte importante de esa educación es la
tendencia sexual de los hombres hacia las mujeres y viceversa. Esta enseñanza
no es sólo cultural sino que se compone también de un componente natural,
original. La corriente actual, como ya hemos comentado, es hacia la
no-diferencia entre sexos. Esto puede acarrear graves problemas si no educamos
en un ambiente sexual correcto desde pequeños a nuestros hijos. Cada día se ven
más imágenes, sobre todo en TV, de parejas del mismo sexo o parejas múltiples,
por llamarlas de alguna manera. Esto nos confunde incluso a los que estamos
bien educados, porque nuestra tendencia natural es otra. Todo estas “falsas”
realidades en cuanto al sexo, tienen un único motivo, y es la primacía del
placer. “Lo más importante es vivir el hoy, sin importar lo que vendrá después,
sólo placer”. Esto es el resultado de una sociedad cada vez más lejana a la
idea de Dios, aunque eso es otro tema.
El hombre está llamado a vivir su sexualidad
de manera humana, aunque esto nos parezca obvio, no acabamos de entender todo
el transfondo. Si buscamos el placer únicamente, acabamos deshumanizando el
sexo. Por eso conductas como la masturbación, la pedofilia, la pornografía, son
éticamente reprobables. Por supuesto que el sexo conlleva placer, incluso si se
le quita éste y se queda en una mera procreación sin amor, también se
deshumaniza. En realidad, la presencia del placer apunta a una realidad más
profunda, como es el significado último de la sexualidad
Entonces surge la cuestión, ¿cómo vivo bien
mi sexualidad? La respuesta a esta pregunta podría ser: viviendo castamente. “Es
casto quien asume conscientemente su sexualidad y la integra bien en su persona”.
La castidad, al contrario de lo que muchos piensan, hay que vivirla tanto dentro
como fuera del matrimonio. La castidad podría ser definida como el seguimiento
continuo de la ley natural a través de los ojos del humano. Me explico. El
hombre ha de vivir conforme a su naturaleza, como animal que es, sentirá hambre
y deseos como cualquier otro, pero saber controlar esos deseos es lo que nos
hace humanos. Somos capaces de reconocer en los otros, a seres que tienen la
misma dignidad que nosotros, por eso cualquier acto que actúe contra su
voluntad o no se utilice según su propósito inicial, por ejemplo el sexo antes
del matrimonio; ya que el sexo representa la entrega total al otro, sin posible
devolución, o la masturbación; que es una mera búsqueda de placer, no nos hace
vivir según la castidad. La castidad es rama de otras virtudes humanas como es
la templanza, por ejemplo. Esta virtud se caracteriza por enseñar al hombre a
no sobrepasarse, vivir con delicadeza, pensando en el otro, pero sobre todo a
cuidar nuestros sentidos y sentimientos, a hacer siempre lo correcto. Al
tratarse de una virtud, debe ser entrenada a diario, no la podemos conseguir de
hoy para mañana. La educación en este tema es más que imprescindible, como ya decíamos.
Pero, además, no todo es sexo. La sexualidad
afecta por completo, a nuestras relaciones, nuestras capacidades. Ha de
integrarse en la búsqueda de valores muchos más altos. La amistad se basa en el
conocimiento del otro, conociéndolo, sabemos lo que le puede pasar y le
ayudamos. Por supuesto no es lo mismo tratar a un hombre que a una mujer, pero
si no sabemos las diferencias entre ellos, seremos incapaces de solucionar los
problemas de ambos.
Como tema para concluir podemos afirmar que
la educación en la sexualidad es un tema personal (de las personas), pero
también hay una corriente de opinión pública que reduce a la sexualidad a una
mera opción más donde elegir. Ven la naturaleza humana como un entorpecimiento
de su libertad, una limitación a la propia conciencia. Pero esta visión es
falsa. Cada cual tiene que contar con su propia naturaleza, no puede rehuir de
ella, es algo dado que no se puede cambiar. Existe, en la sociedad actual, un
pensamiento falso acerca de la libertad. Muchos creen que ésta es la capacidad
de elección, cuantas más opciones podamos escoger, más libres seremos. Pero
esto no es cierto, hay cosas que nos vienen dadas, como nuestros padres o
nuestra procedencia. Podemos engañar a los demás, y a nosotros mismos, si
decimos que somos de Madrid cuando en realidad somos de Valencia.
Un caso muy sonado fue el de una “boda” que
se celebró en Girona, en la que se casaron dos hombres, que se sentían mujeres
y que además eran lesbianas[1].
Lo escogieron todo: renegaron del sexo biológico para definir de cero su
identidad sexual y su orientación sexual. Pero, obviamente no saben ni lo que
son, tienen problemas de identidad, no saben exactamente qué es lo que quieren.
Es un ejemplo de una libertad que gira sobre
sí misma sin rumbo fijo. Este es el problema de la falsa libertad, la libertad
consiste en la elección del bien tanto para mí como para los demás.
La sexualidad no es una opción más, es algo
que nos afecta a todos y en todo, de ahí la necesidad de una buena educación en
ella, para así poder llegar a desarrollarnos en plenitud como personas libres,
que saben lo que quieren, lo que es bueno. Entonces es cuando se puede estar
verdaderamente comprometido con la sociedad actual.
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